lunes, 25 de abril de 2011

Conversaciones con el abstracto


Toc Toc…¿Perdone puedo entrar?
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Gracias. Sólo quisiera sentarme aquí un rato…igual un poco más…tal vez si usted me permitiera…
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¿La vida entera?
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Mis piernas morirían de monotonía y mis musas dejarían de alimentarse. Imposible, sería imposible.
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Sí, necesito tan sólo hibernar al compás del latido del oso.
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Le digo que es imposible la vida entera, necesito jugar a quemarme.
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Lo sé, me lo han dicho muchas veces. De pequeña observaba el metrónomo y veía mis pupilas reflejadas en él, de un lado a otro, como la sombra inquietante de mi alma.
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¿Incompatible?, ¿cómo mis sueños con la luz del amanecer?
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Pero no es justo, yo…yo anhelo hacerle compañía un tiempo y marcharme… después puede olvidarse de mi nombre, del color de mis ojos, del olor de mi ropa, del sonido de mi voz o de mis silencios. Olvidarse de todo lo que tenga que ver conmigo, pero ahora…ahora…no me hable de incompatibilidades.
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Sí, que mis musas fallecerían de hambre…
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Lo sabía, es cierto, quería negárselo, pero lo sabía…
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…ni un instante, ni un segundo, cerrar y abrir los ojos…
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¿Entonces?

-Entonces te dejaré marchar, lo que haré será permitirte salir, permitirte caer, permitirte soñar y además…te regalaré un lugar, entre tu mundo y el mío, un lugar efímero pero regenerativo, pensarás en él y aparecerá y cuando él crea conveniente volverá a irse.

La puerta se abrió y la sombra se perdió de nuevo entre la multitud del mundo…

-Jamás volvió aparecer por aquí, aprendió que su destino era ese, aprendió a vivir. Sin embargo, yo, no pude olvidar nunca su nombre, ni el color de sus ojos, ni el olor de su ropa, ni el sonido de esos silencios que esperaban atentos mis respuestas. Podría haber permitido que se quedase a mi lado, que olvidase todo…pero habría perdido su esencia y sin ella habríamos perdido todos.






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